Columna ALV (A la Veracruzana)
En México, la “salida elegante” se ha convertido en un recurso recurrente para quienes deben dejar el cargo sin que las turbulencias de su gestión les alcance del todo. El caso más reciente es el de Alejandro Gertz Manero, quien presentó su renuncia como fiscal general de la República mientras informaba, en la misma carta dirigida al Senado, que la presidenta Claudia Sheinbaum lo había propuesto como embajador en “un país amigo”. Nada mal para cerrar un ciclo cargado de cuestionamientos.
Ese estilo de enroque podría replicarse en Veracruz. En un estado donde se volvió casi tradición que los exfiscales terminen enfrentando procesos penales —una “bonita costumbre veracruzana”—, todo apunta a que Verónica Hernández Giadáns tendrá un desenlace mucho más terso. No por falta de controversias, sino porque las negociaciones desde arriba parecen estar ya trazadas.
A pesar de la reciente reforma que otorga a la gobernadora la facultad de remover a la persona titular de la Fiscalía General del Estado, ese mecanismo quizá ni siquiera será necesario. El secretario de Gobierno, Ricardo Ahued, aclaró públicamente que será la propia fiscal quien decida si busca seguir en el cargo o si presenta su renuncia. Una declaración que deja claro que la definición vendrá más por decisión política que por uso de las nuevas facultades legales.
De acuerdo con versiones que circulan en los pasillos políticos, Hernández Giadáns estaría ya preparando su renuncia y tendría un puesto federal asegurado, resultado del cabildeo del exgobernador Cuitláhuac García y con el aval de la presidenta Sheinbaum. Una salida sin estridencias, sin sobresaltos y, sobre todo, sin el destino judicial que han enfrentado otros exfiscales veracruzanos.
Mientras tanto, Veracruz sigue moviéndose al ritmo del Altiplano. Aquí, más que un relevo institucional, lo que se observa es un movimiento de tablero cuidadosamente calculado. Habrá quien lo lea como una oportunidad para recomponer la Fiscalía; otros lo verán como otro capítulo más en la larga historia del control político sobre los órganos autónomos.
Lo cierto es que, en esta tierra donde la justicia suele ser selectiva y la política pragmática, la “salida elegante” parece ser el nuevo manual para cerrar ciclos incómodos. Y así, una vez más, Veracruz confirma que casi nada es casual y que, cuando se trata de poder, todo —hasta las renuncias— se negocia.






